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Un diente puede parecer completamente sano por fuera y, sin embargo, tener un problema importante en su interior. Una caries profunda, un golpe o una fisura pueden llegar a dañar la pulpa dental: el tejido donde se encuentran los nervios y los vasos sanguíneos que mantienen vivo el diente. Cuando ese tejido deja de recibir sangre y muere, hablamos de necrosis pulpar , lo que muchas personas conocen simplemente como tener el “nervio del diente muerto”. Por este motivo, los cambios repentinos en el dolor, la sensibilidad, el color de un diente o la aparición de inflamación en la encía deben ser valorados por un odontólogo. Detectar la necrosis pulpar a tiempo puede permitir conservar la pieza dental y evitar complicaciones mayores en el futuro. Una de las particularidades de este problema es que no siempre produce dolor. De hecho, en algunos casos ocurre justamente lo contrario: un diente que llevaba días causando un dolor intenso puede dejar de doler cuando el nervio muere. Esta aparente mejoría puede hacer pensar que el problema se ha solucionado, cuando en realidad la infección puede continuar avanzando hacia la raíz y los tejidos que rodean el diente. En el siguiente post, vamos a ver con detalle todo lo que necesitamos saber sobre la necrosis pulpar.
En el centro de cada diente se encuentra la pulpa dental , un tejido blando formado por vasos sanguíneos, terminaciones nerviosas y tejido conectivo. Esta pulpa ocupa la cámara pulpar y continúa por el interior de las raíces a través de los conductos radiculares. Cuando la pulpa sufre una agresión importante puede inflamarse. En sus primeras fases, esta inflamación puede ser reversible y desaparecer cuando se elimina la causa. Sin embargo, si el daño continúa y la inflamación es demasiado intensa, el tejido pulpar puede deteriorarse de forma irreversible hasta perder su suministro sanguíneo y morir. A este proceso se le denomina necrosis pulpar. Una de las causas más frecuentes es una caries profunda . Si la caries no se trata, las bacterias van atravesando progresivamente el esmalte y la dentina hasta alcanzar la pulpa. Cuando esto sucede pueden aparecer inflamación, infección y finalmente necrosis del tejido.
También puede ocurrir después de un traumatismo dental . Un golpe fuerte en un diente puede dañar los vasos sanguíneos que alimentan la pulpa aunque aparentemente la pieza no se haya roto. El nervio puede deteriorarse poco a poco y morir semanas, meses e incluso más tiempo después del traumatismo. Las fracturas y fisuras profundas también pueden facilitar la entrada de bacterias hacia el interior del diente. En otros casos, un desgaste dental muy avanzado, determinados tratamientos realizados previamente o una inflamación pulpar que no ha recibido tratamiento pueden acabar provocando el mismo problema. Por lo tanto, que un diente tenga el nervio muerto no significa necesariamente que haya sufrido una caries visible. Existen diferentes situaciones capaces de afectar a la vitalidad de la pulpa.
La necrosis pulpar puede manifestarse de formas muy diferentes. Algunas personas presentan síntomas muy evidentes, mientras que otras apenas notan molestias y el problema se descubre durante una revisión dental o mediante una radiografía. Antes de que el nervio muera por completo puede aparecer un dolor dental intenso , espontáneo o que empeora durante la noche. También es frecuente experimentar sensibilidad prolongada ante alimentos o bebidas calientes y frías. Sin embargo, cuando la pulpa termina necrosándose, esa sensibilidad puede disminuir o desaparecer porque las terminaciones nerviosas han dejado de funcionar. Este cambio puede resultar engañoso. Que un diente deje de doler no siempre significa que se haya curado. Otro signo frecuente es el cambio de color del diente . La pieza puede adquirir progresivamente un tono más oscuro, grisáceo, amarillento o marrón debido a los cambios que se producen en los tejidos internos tras la pérdida de vitalidad. También pueden aparecer otros síntomas como: molestias al morder o masticar; sensación de presión en la zona; inflamación de la encía alrededor del diente; aparición de un pequeño bulto o fístula en la encía; mal sabor de boca; hinchazón del rostro o sensación de que el diente está más sensible a la presión que los demás. No obstante, también hay personas que no presentan ninguno de estos síntomas. Para confirmar el diagnóstico, el odontólogo puede realizar diferentes pruebas de vitalidad pulpar , valorar la respuesta del diente al frío o a otros estímulos, comprobar su sensibilidad a la percusión y realizar radiografías. La combinación de estas pruebas permite conocer el estado de la pulpa y comprobar si existen alteraciones alrededor de la raíz.
Una vez que la pulpa dental ha muerto, el problema no suele resolverse por sí solo. Las bacterias pueden continuar multiplicándose dentro de la cámara pulpar y de los conductos radiculares. Con el tiempo, la infección puede atravesar el extremo de la raíz y alcanzar el hueso que rodea el diente. Una de las complicaciones más habituales es la aparición de una periodontitis apical , una inflamación de los tejidos situados alrededor de la punta de la raíz. El paciente puede notar dolor al masticar, presión o la sensación de que ese diente “toca antes” que los demás. Si la infección progresa puede aparecer un absceso dental , es decir, una acumulación de pus originada por la infección bacteriana. Puede provocar dolor intenso, inflamación de la encía, hinchazón facial, mal sabor de boca e incluso fiebre en determinados casos. A veces se forma una fístula , un pequeño conducto que permite que el contenido de la infección drene hacia la encía. Puede observarse como una especie de granito próximo al diente afectado.
Curiosamente, cuando existe este drenaje el paciente puede sentir poco dolor, pero la infección continúa presente y necesita tratamiento. Las infecciones mantenidas durante mucho tiempo también pueden provocar pérdida de hueso alrededor de la raíz . En las radiografías puede apreciarse entonces una zona más oscura alrededor del extremo radicular. En determinadas situaciones pueden desarrollarse lesiones inflamatorias de mayor tamaño que requieren seguimiento específico. Aunque no es lo habitual cuando se recibe atención odontológica, una infección dental sin tratar puede extenderse a otros tejidos de la cara y el cuello . Por este motivo, una inflamación importante, fiebre, dificultad para abrir la boca, tragar o respirar requiere valoración sanitaria urgente. Tratar la necrosis antes de llegar a estas situaciones permite reducir considerablemente el riesgo de complicaciones y aumenta las posibilidades de conservar el diente.
Que el nervio de un diente haya muerto no significa necesariamente que haya que extraerlo . En muchos casos, es posible conservar la pieza mediante una endodoncia , también conocida popularmente como tratamiento de conductos o “matar el nervio”. En realidad, cuando existe necrosis el tejido pulpar ya ha perdido su vitalidad. El objetivo de la endodoncia es eliminar del interior del diente los restos de tejido deteriorado y las bacterias presentes en los conductos radiculares. Durante el tratamiento, el odontólogo accede al interior de la pieza, limpia y desinfecta cuidadosamente los conductos y posteriormente los sella con materiales específicos para evitar que vuelvan a contaminarse. Después es necesario reconstruir la parte visible del diente. Dependiendo de la cantidad de estructura dental que se haya perdido, puede ser suficiente realizar una reconstrucción o puede ser recomendable colocar una restauración más resistente para proteger la pieza frente a futuras fracturas.
Un diente correctamente tratado mediante endodoncia puede mantenerse durante muchos años siempre que conserve suficiente estructura, tenga un buen soporte periodontal y se mantenga una correcta higiene y seguimiento. En algunos casos puede existir una infección persistente en un diente que ya había sido sometido previamente a una endodoncia. Dependiendo de la situación puede plantearse un retratamiento endodóntico para volver a limpiar y sellar los conductos. Cuando el tratamiento convencional no consigue resolver determinadas lesiones situadas alrededor de la raíz, existen procedimientos quirúrgicos como la cirugía periapical que pueden valorarse en casos seleccionados. La extracción dental suele reservarse para situaciones en las que la pieza no puede restaurarse, presenta una fractura grave, ha perdido demasiado soporte o existen otras circunstancias que impiden conservarla con un pronóstico adecuado. Por eso, la decisión entre realizar una endodoncia, un retratamiento u optar por otra alternativa debe tomarse después de explorar el diente y estudiar las pruebas radiográficas necesarias.
La mayoría de los casos relacionados con caries profundas pueden prevenirse manteniendo una buena higiene bucodental y realizando revisiones periódicas. Cepillarse correctamente al menos dos veces al día con una pasta dental fluorada ayuda a controlar la placa bacteriana. Sin embargo, el cepillo no alcanza correctamente todas las superficies entre los dientes, por lo que conviene completar la higiene utilizando hilo dental o cepillos interdentales cuando estén indicados. También es importante controlar el consumo frecuente de alimentos y bebidas ricos en azúcares, ya que favorecen la aparición de caries. Las revisiones dentales periódicas permiten detectar lesiones cuando todavía son pequeñas. Una caries inicial puede tratarse de una forma relativamente sencilla, mientras que una caries que alcanza la pulpa puede terminar requiriendo una endodoncia. Ante una fractura, un golpe importante o una lesión dental, también conviene acudir al odontólogo aunque aparentemente el diente se encuentre bien. Algunos traumatismos dañan el tejido pulpar sin producir síntomas inmediatos, por lo que puede ser necesario controlar la vitalidad del diente durante un tiempo.
En personas que practican deportes con riesgo de golpes en la boca, utilizar un protector bucal adecuado puede reducir considerablemente las posibilidades de sufrir traumatismos dentales. También es recomendable consultar cuando aparece dolor dental persistente, sensibilidad que dura varios segundos después de retirar el estímulo, molestias al masticar o cambios de color en una pieza. Uno de los errores más frecuentes es esperar a que el dolor desaparezca por sí solo. Si un diente que dolía intensamente deja de hacerlo de manera repentina, puede ser necesario comprobar si la pulpa continúa siendo vital. La necrosis pulpar puede pasar desapercibida durante un tiempo, pero detectarla y tratarla antes de que aparezca una infección importante permite, en muchos casos, conservar el diente natural . Ante cualquier sospecha de que un diente pueda haber perdido vitalidad, una exploración odontológica y las pruebas correspondientes permitirán conocer su estado y determinar cuál es el tratamiento más adecuado.
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