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Causas y tratamientos de los dientes retenidos en adultos

Fecha publicación: 14/08/2026

Dientes retenidos en pacientes adultos

La erupción dental es el proceso mediante el cual los dientes se desplazan desde el interior del hueso maxilar hasta ocupar su posición definitiva en la boca. Normalmente, este proceso termina durante la adolescencia o los primeros años de la edad adulta, cuando aparecen las muelas del juicio. Sin embargo, algunas piezas no consiguen salir correctamente y permanecen total o parcialmente atrapadas bajo la encía o dentro del hueso. Esta situación se conoce como retención dentaria y puede afectar a cualquier diente, aunque es especialmente habitual en los terceros molares —muelas del juicio— y en los caninos superiores. Un diente retenido no siempre produce molestias inmediatas. De hecho, algunas personas descubren que tienen una pieza sin erupcionar durante una revisión rutinaria o al realizarse una radiografía por otro motivo. La ausencia de dolor no significa necesariamente que el diente pueda ignorarse. Dependiendo de su posición, de su relación con las piezas próximas y del estado de los tejidos que lo rodean, puede favorecer la aparición de infecciones, caries, quistes o daños en otros dientes. Por esta razón, cada caso debe estudiarse individualmente.

¿Qué son los dientes retenidos y tipos de retención dentaria?

Un diente retenido es aquel que no ha conseguido erupcionar dentro del periodo esperado y permanece atrapado en la encía, en el hueso maxilar o en ambos. En otras palabras, la pieza dental existe y se ha formado, pero no ha podido ocupar su lugar habitual en la arcada. La retención dentaria puede clasificarse según el grado de erupción del diente.

a) Retención total: En una retención total, la pieza permanece completamente cubierta por la encía o por el hueso. No se observa ninguna parte del diente dentro de la boca y, en muchos casos, solo puede detectarse mediante una radiografía panorámica u otra prueba de imagen. Este tipo de retención puede pasar desapercibido durante años si no genera síntomas. Su evolución dependerá de la posición del diente y de si ejerce presión sobre raíces, nervios o estructuras próximas.

b) Retención parcial: Se produce cuando una parte de la corona dental ha atravesado la encía, pero el resto de la pieza permanece atrapado. Es frecuente en las muelas del juicio, especialmente cuando no existe espacio suficiente para que terminen de salir. La encía puede formar una especie de pliegue sobre la parte visible del diente. Debajo de este tejido se acumulan con facilidad restos de alimentos, placa bacteriana y microorganismos, ya que es una zona difícil de limpiar. Como consecuencia, aumenta el riesgo de inflamación e infección alrededor de la pieza, un problema conocido como pericoronitis. También puede hablarse de retención ósea, cuando el diente está rodeado completamente por hueso, y de retención mucosa, cuando ha atravesado el hueso, pero continúa cubierto por la encía. Su posición puede ser vertical, horizontal u oblicua, una información fundamental para planificar el tratamiento.

¿Por qué un diente no termina de salir?

La retención dentaria no tiene una única causa. Normalmente, se produce por la combinación de factores relacionados con el espacio disponible, la posición del diente y el desarrollo de los maxilares. La falta de espacio es uno de los motivos más frecuentes. Cuando la arcada dental es demasiado pequeña para alojar todas las piezas, el diente puede quedar bloqueado o desviarse de su trayectoria. Esto ocurre habitualmente con las muelas del juicio, que son las últimas en intentar erupcionar y pueden encontrarse con una boca en la que ya no queda espacio suficiente. El apiñamiento dental también puede obstaculizar la salida de una pieza. Si otros dientes ocupan el lugar que le corresponde, el diente retenido puede quedar atrapado o crecer en una dirección inadecuada. En ocasiones, incluso se coloca horizontalmente y presiona la raíz de la pieza contigua. Otra posible causa es una trayectoria de erupción anómala. El diente puede haberse formado inclinado o en una zona alejada de su posición correcta. Los caninos superiores, por ejemplo, pueden quedar retenidos en el paladar o desplazados hacia la parte externa de la arcada. También existen obstáculos físicos capaces de impedir la erupción, como dientes supernumerarios —piezas adicionales—, quistes, formaciones benignas o alteraciones del tejido óseo. La permanencia de un diente de leche durante más tiempo del esperado puede bloquear igualmente la salida de su sustituto definitivo. Los factores genéticos desempeñan un papel relevante. El tamaño de los dientes, la forma de los maxilares y determinadas alteraciones del desarrollo pueden heredarse. Asimismo, un traumatismo sufrido durante la infancia puede modificar la posición del germen del diente definitivo y dificultar su erupción años más tarde. En algunos pacientes no es posible identificar una causa concreta. Por eso, el diagnóstico debe basarse en una exploración clínica y en pruebas de imagen que permitan conocer exactamente la ubicación y la orientación de la pieza.

Los síntomas asociados a la retención de dientes en adultos

Los dientes retenidos pueden ser completamente asintomáticos. Una persona adulta puede convivir durante mucho tiempo con una pieza incluida sin advertir ninguna anomalía. Cuando aparecen síntomas, estos varían según el tipo de diente, su grado de erupción y la existencia o no de infección. El dolor es una de las manifestaciones más habituales. Puede sentirse como una molestia localizada, una presión constante o un dolor intenso que se extiende hacia la mandíbula, el oído, la sien o el resto de los dientes. En ocasiones aumenta al masticar o al abrir la boca. La encía próxima al diente puede mostrarse roja, sensible e inflamada. Cuando existe una retención parcial, es posible que aparezca sangrado durante el cepillado, mal sabor de boca, acumulación de alimentos o secreción alrededor de la pieza. La infección del tejido que rodea una muela del juicio parcialmente erupcionada puede provocar pericoronitis. Además del dolor y la inflamación, esta alteración puede causar mal aliento, dificultad para abrir la boca, molestias al tragar e inflamación de los ganglios cercanos. En cuadros más avanzados también puede aparecer fiebre o malestar general. Otros signos asociados a la retención dentaria son:

a) Sensación de presión o desplazamiento de las piezas próximas.

b) Dolor o sensibilidad en el diente contiguo.

c) Hinchazón de la cara o de la mandíbula.

d) Dificultad para masticar con normalidad.

e) Cefaleas o molestias mandibulares recurrentes.

f) Ausencia de un diente permanente cuando el resto ya ha erupcionado.

g) Persistencia de un diente de leche en una persona adulta.

Ante un dolor intenso, fiebre, inflamación facial, pus o dificultad para abrir la boca, respirar o tragar, es necesario solicitar atención profesional cuanto antes. Estos signos pueden indicar una infección que requiere tratamiento.

Riesgos de no tratar un diente retenido

No todos los dientes retenidos deben extraerse inmediatamente. Algunos pueden mantenerse bajo vigilancia cuando se encuentran en una posición estable y no perjudican a los tejidos próximos. Sin embargo, dejar evolucionar una pieza problemática sin revisiones puede ocasionar diferentes complicaciones. Una de las más frecuentes es la infección de la encía que rodea al diente parcialmente erupcionado. La dificultad para limpiar la zona favorece la acumulación de bacterias y la repetición de episodios de inflamación. También pueden aparecer caries tanto en la pieza retenida como en el diente adyacente. El acceso limitado del cepillo y del hilo dental hace que los restos de comida permanezcan en la zona. Si la caries se desarrolla en la cara posterior del segundo molar, su detección y tratamiento pueden resultar más complicados. La presión ejercida por el diente retenido puede dañar las raíces de las piezas adyacentes. En determinados casos se produce reabsorción radicular, desplazamiento dental o pérdida de tejido óseo. Alrededor de la corona de un diente incluido también puede formarse un quiste. Aunque muchos de estos procesos son benignos, pueden aumentar de tamaño, debilitar el hueso y afectar a otras estructuras. Por este motivo, los dientes retenidos que se mantienen en la boca deben controlarse mediante revisiones y radiografías cuando el odontólogo lo considere necesario. En el caso de las muelas del juicio inferiores, su proximidad al nervio dentario debe valorarse cuidadosamente antes de cualquier intervención. La planificación mediante pruebas de imagen permite reducir riesgos y elegir la alternativa más segura.

¿Cómo tratar la retención dentaria en personas adultas?

El tratamiento depende de la pieza afectada, su posición, la edad del paciente, los síntomas y el daño que pueda estar causando. Antes de decidir cómo actuar, el odontólogo realizará una exploración y solicitará una radiografía. En situaciones complejas puede recomendarse una tomografía dental en tres dimensiones para estudiar la relación del diente con las raíces, el hueso o los nervios. Cuando la pieza no produce síntomas ni representa un riesgo para el resto de la boca, puede optarse por la vigilancia periódica. Esto no significa olvidarse del problema, sino controlar su evolución mediante revisiones clínicas y radiográficas. Si el diente puede incorporarse a la arcada y resulta importante conservarlo, es posible recurrir a un tratamiento combinado de cirugía y ortodoncia. Esta opción se emplea especialmente en caninos retenidos. El cirujano realiza una pequeña intervención para descubrir la corona del diente y el ortodoncista aplica una fuerza progresiva para llevarlo hasta su posición correcta. En otros casos se recomienda la extracción quirúrgica. Es el tratamiento habitual para las muelas del juicio retenidas que causan dolor, infecciones repetidas, caries, quistes o daños en las piezas próximas. La complejidad de la intervención dependerá de la posición del diente y de su relación con las estructuras anatómicas cercanas.

Cuando existe una infección activa, primero puede ser necesario limpiar la zona, mejorar la higiene y controlar la inflamación. Los antibióticos no se utilizan de forma automática: se reservan para situaciones en las que el profesional detecta signos de propagación de la infección o afectación general. No deben tomarse sin prescripción ni considerarse una solución definitiva si la causa continúa presente. Después de una extracción, es normal experimentar inflamación o molestias durante los primeros días. Seguir las indicaciones del profesional, mantener la zona limpia, evitar el tabaco y acudir a las revisiones contribuye a una recuperación adecuada. La retención dentaria en personas adultas requiere un diagnóstico individualizado. La ausencia de dolor no descarta que exista algún riesgo, mientras que la presencia de molestias tampoco implica necesariamente una intervención compleja. Una revisión odontológica y las pruebas radiográficas adecuadas permiten determinar si el diente debe vigilarse, alinearse mediante ortodoncia o extraerse. Detectar el problema a tiempo facilita el tratamiento y ayuda a proteger tanto la pieza retenida como el resto de los dientes. Si nota dolor, inflamación o presión en la mandíbula, o sabe que alguna pieza definitiva nunca llegó a salir, solicite una valoración profesional para conocer el estado real de su salud bucodental.

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